dissabte, 16 d’abril del 2016
LAS ESPINAS
A lo largo de nuestra vida pasan muchas cosas buenas y también muchas malas y, todas ellas nos dejan marca. Porque somos personas y estamos hechos de carne y huesos, de cerebro y de corazón, de memoria y de sentimientos.
Somos un álbum de huellas. Y cada una de esas huellas se corresponde a un suceso de nuestra historia o a una persona que pasó por nuestra vida. Algunas de esas huellas son superficiales casi imperceptibles, a veces con el tiempo casi llegan a desaparecer. Sin embargo, hay otras tan profundas que cada vez que las rememoramos encienden un interruptor.
Y es entonces, cuando sonreímos, lloramos, soltamos una carcajada, nos emocionamos o sentimos como las espinas que dejaron esas huellas en nuestro interior se clavan más e impiden que la herida cicatrice.
Algunas veces conseguimos que las huellas se diluyan y que las espinas desaparezcan en el olvido. Entonces logramos un triunfo, nos sentimos aliviados, sanados... Pero si el motivo de ese dolor reaparece, las espinas crecen y se hacen fuertes, dificultando su eliminación.
No hay que dejar que nuestro corazón y nuestra memoria se llenen de espinas. Hay que limpiar las huellas antes de que se conviertan en perennes y dejar nuestra memoria limpia como una patena, con huellas pero sólo de las cosas que una vez nos hicieron sonreír.
La vida es demasiado corta para dejar que las espinas nos dobleguen.
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