dilluns, 25 d’abril del 2016
EL LÍMITE
Hay momentos en que la vida nos golpea por todos lados. Somos como un saco de boxeo al que dan de puñetazos con toda la saña con que es posible. Y a medida que recibimos golpes, nos vamos sintiendo más hundidos, más aplastados... Nuestro cuerpo y nuestra mente se ven afectados. Aunque pensamos en como salir del agujero y buscamos alguna solución, el cansancio hace mella y somos incapaces de ver con claridad.
Ahora me encuentro en un momento así. Todo lo que hay a mi alrededor se complica día a día y, aunque intento ser positiva, me asusta que se pueda complicar más y más. Física y psíquicamente, la situación me está afectando. Intento aguantar el tipo durante todo el día mostrando mi lado positivo y animoso, pero al llegar a casa, me hundo.
Y es entonces cuando me pregunto dónde está el límite? Cuánto sufrimiento puede llegar a soportar una persona sin sufrir un colapso?
No soy una persona que se rinda fácilmente. Soy luchadora, me he enfrentado con otras situaciones difíciles y he salido adelante. Pero la edad también está suponiendo un inconveniente para la búsqueda de soluciones. Ya no soy la mujer enérgica que solía ser, y ahora las fuerzas se me esfuman a un ritmo demasiado rápido.
Tengo miedo de llegar al límite, de que el saco de boxeo reviente, de no ser capaz de ayudar a quién ahora necesita más que nunca de mi soporte...
dissabte, 16 d’abril del 2016
LAS ESPINAS
A lo largo de nuestra vida pasan muchas cosas buenas y también muchas malas y, todas ellas nos dejan marca. Porque somos personas y estamos hechos de carne y huesos, de cerebro y de corazón, de memoria y de sentimientos.
Somos un álbum de huellas. Y cada una de esas huellas se corresponde a un suceso de nuestra historia o a una persona que pasó por nuestra vida. Algunas de esas huellas son superficiales casi imperceptibles, a veces con el tiempo casi llegan a desaparecer. Sin embargo, hay otras tan profundas que cada vez que las rememoramos encienden un interruptor.
Y es entonces, cuando sonreímos, lloramos, soltamos una carcajada, nos emocionamos o sentimos como las espinas que dejaron esas huellas en nuestro interior se clavan más e impiden que la herida cicatrice.
Algunas veces conseguimos que las huellas se diluyan y que las espinas desaparezcan en el olvido. Entonces logramos un triunfo, nos sentimos aliviados, sanados... Pero si el motivo de ese dolor reaparece, las espinas crecen y se hacen fuertes, dificultando su eliminación.
No hay que dejar que nuestro corazón y nuestra memoria se llenen de espinas. Hay que limpiar las huellas antes de que se conviertan en perennes y dejar nuestra memoria limpia como una patena, con huellas pero sólo de las cosas que una vez nos hicieron sonreír.
La vida es demasiado corta para dejar que las espinas nos dobleguen.
dissabte, 9 d’abril del 2016
LA DUCHA
Llorar es bueno. Dejar que el corazón se abra y suelte su dolor como las nubes cuando se abren dejando paso a la lluvia.
Es como una ducha interior. Las lágrimas arrastran la angustia con ellas y la sacan de nuestro cuerpo.
En algunos momentos, el llanto es la única manera de liberar la tensión que llevamos dentro y es necesario dejarlo salir, sino los sentimientos nos inundan por dentro ahogándonos poco a poco.
Cuando la vida se vuelve complicada hasta un punto en el que no parece haber salida, llorar es una medicina. Igual que la ducha es necesaria para el cuerpo, la lágrimas son vitales para nuestro bienestar, para poder enfrentarnos a los retos de una manera tranquila y eficiente.
Y de pronto, cuando ya parece que has soltado todas las lágrimas que llevabas dentro, y empiezas a tranquilizarte, ves llorar a las personas que quieres por el mismo motivo por el que estuviste llorando y ya no lloras, pero te quedas sin palabras porque vuelves a sentir dolor y sabes que, cuando vuelvas a estar sola, volverás a llorar desconsoladamente.
divendres, 8 d’abril del 2016
EL SECRETO
Quién no tiene guardado en lo más íntimo de su corazón un
pequeño misterio que no le contaría ni a su amigo imaginario.
En la mayoría de las familias existen historias de esas que
se procuran esconder, la mayoría de las veces para evitar que su reputación no
resulte dañada. Suelen ser oscuros sucesos que están mejor escondidos en el
limbo y que no son la típica batallita que se contaría mientras se comen los
postres en una cena de Navidad.
Y por qué nos importa tanto mantener el silencio? No sería
mejor contarlo todo y evitar que algún día alguien se vaya de la lengua tras
varias copas de vino y se produzcan indeseados malentendidos?
Es curioso que cuando por las circunstancias de la vida el
secreto se convierte en un hecho de dominio público se produce como una especie
de alivio familiar. Aquella circunstancia que un día se escondió como una
mancha en un traje nuevo ya se puede comentar en las reuniones de parientes,
habrá desaparecido el tabú entorno a ese suceso incluso se puede llegar a bromear
sobre aquello que una vez fue una oscura lacra.
Sin embargo, la mayoría de los secretos siguen estando
ocultos por los siglos de los siglos. No hay más que ver la historia de la
humanidad. La cantidad de secretos que imagino se guardan sobre nuestros
orígenes, sobre nuestra evolución o sobre lo que nos espera en el futuro debe
ser tan amplia que, si algún día llegan a hacerse públicos, se vendría abajo el
actual orden (o desorden) mundial.
Así que, no nos toca otra que vivir rodeados de secretos, especulando
sobre esto o sobre aquello, imaginando y sacando nuestras propias conclusiones.
dijous, 7 d’abril del 2016
LA VENTANA
Dicen que cuando una puerta se cierra se abre una ventana. Y
alguien añadió: “sí, para que te puedas tirar por ella”. Me parece una visión
demasiado negativa.
En mi vida ha habido muchos momentos críticos, situaciones
complicadas a las que no ves la salida por mucho que intentas visualizarla.
Buscas sin descanso la manera de mejorar, de reparar los desperfectos, de
luchar contra los nubarrones, pero sólo encuentras obstáculos y las puertas se
van cerrando una a una, dejándote encerrado en un cubículo que se va
estrechando cada día que pasa.
Y cuando ya apenas queda espacio en el cubículo para
respirar, se abre un espacio en la pared, una ventana que permite la entrada de
aire puro y al mismo tiempo de nuevas ideas y posiblemente soluciones para
parte de nuestros problemas.
Poco a poco, las aguas vuelven a su cauce de manera
progresiva y el cubículo vuelva a expandirse, dejando espacio para nuevas
posibilidades, para ampliar nuestros horizontes y encontrar nuevos caminos para
seguir adelante.
Algunos dirán que hay que tener fe, esperanza, positivismo…
da igual el nombre que le pongan. Sólo hay que saber seguir las señales que nos
llevarán por el buen camino y evitar todo aquello que nos desestabilice, que
aporte negatividad a nuestro día a día. Y si no podemos evitarlo, debemos
intentar que al menos no nos afecte a nuestra visión de las circunstancias.
No debemos esperar que todo se solucione de repente porque
eso no suele suceder. Y además, tenemos que poner de nuestra parte. Los
milagros no existen. Hay que ser perseverante y no rendirnos ante el primer
tropiezo. Nadie dijo que las cosas en esta vida fueran sencillas. Pero por
encima de todo, no debemos cerrar la ventana, no tenemos que quedarnos dentro
del cubículo encerrados en nosotros mismos porque de esa manera sólo
conseguiremos enfermar.
Así que, dejemos que el aire fresco nos impregne de
positividad y sigamos adelante que seguro que siempre hay proyectos nuevos por
emprender.
dilluns, 4 d’abril del 2016
LA CUEVA
Hay épocas en nuestra vida en que la soledad nos abruma a pesar de estar rodeados de gente. Y, en ese punto, echamos de menos a alguien que nos abrace y nos mese el pelo, sin decir nada, sólo nos basta con sentir el calor humano cerca de nuestro corazón.
Algunas veces las personas más cercanas físicamente hablando son las que más lejos sentimos. Es como si cada uno se hubiera encerrado en su cueva. En esa cueva en la que se sienten protegidos, en la que se sienten a salvo.
Y, es entonces cuando nosotros decidimos aislarnos también en nuestra cueva. Necesitamos llorar, desahogar el dolor que causa la soledad, la indiferencia, el silencio...
Echamos de menos tener una conversación normal, agradable, divertida, que nos haga olvidar que nuestro día ha sido un desastre. Dónde están aquellas personas que se decían amigos nuestros cuando más falta nos hacen? Dónde se esconden las promesas de estar a nuestro lado? Dónde están los hombros que nos ofrecieron para nuestros llantos?
Si es que es tan sencillo como mandar un mensaje para que alguien sienta que hay algo más fuera de su cueva, que si sale de ella no se va a volver a encontrar solo.
Es tan difícil convivir con ese sentimiento... Te nubla el cerebro, porque el ser humano no está hecho para vivir en soledad. Necesita el contacto de sus congéneres, el cariño, la compañía...
Y no hay medicamentos para ese dolor. Los únicos remedios son los que nos puede proporcionar otra persona. Un beso, un abrazo, una caricia, una palabra amable... Parece fácil pero a veces es tan complicado de conseguir...
divendres, 1 d’abril del 2016
EL DESTINO
Cuenta una leyenda que un hilo rojo nos une con otra persona con la que estamos predestinados a encontrarnos y con la que tendremos una relación especial a lo largo de nuestra vida. El hilo se estirará cuando el destino nos separe y se encogerá cuando nos acerque, pero nunca, nunca llegará a romperse.
Ayer tropecé con un chico al que hacía años que no veía. Y de repente, volvieron a mi memoria los recuerdos de cuando le conocí hace treinta y cuatro años cuando yo no era más que una adolescente ilusa y soñadora. Por la noche soñé, como otras muchas veces, que le buscaba por el barrio.
La primera vez que le vi, pensé que en el mundo no podía existir hombre más guapo que aquél. Y desde ese momento, aunque el enamoramiento juvenil se fue desvaneciendo, siempre fue mi amor imposible, platónico o como queráis llamarle. Él tonteó conmigo pero nunca llegamos a ser nada más que amigos circunstanciales. La vida se ha empeñado en que nos vayamos encontrando cada cierto tiempo, como si no quisiera que nos olvidáramos el uno del otro, a pesar de que cada uno seguimos con nuestro camino.
Y me pregunto si algún día el destino dejará que por fin nuestro encuentro sea algo más que una circunstancia y el hilo ya no vuelva a estirarse nunca más. Aunque han pasado más de treinta años cuando nuestras miradas coinciden algo sucede, algo imperceptible para el resto de la gente pero que estoy segura que él siente también. Es una sensación extraña. Por qué después de tanto tiempo sigue sucediendo? Es el hecho de que quedó algo pendiente entre nosotros? O simplemente es una broma que el destino se ha empeñado en gastarnos?
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