Quién no tiene guardado en lo más íntimo de su corazón un
pequeño misterio que no le contaría ni a su amigo imaginario.
En la mayoría de las familias existen historias de esas que
se procuran esconder, la mayoría de las veces para evitar que su reputación no
resulte dañada. Suelen ser oscuros sucesos que están mejor escondidos en el
limbo y que no son la típica batallita que se contaría mientras se comen los
postres en una cena de Navidad.
Y por qué nos importa tanto mantener el silencio? No sería
mejor contarlo todo y evitar que algún día alguien se vaya de la lengua tras
varias copas de vino y se produzcan indeseados malentendidos?
Es curioso que cuando por las circunstancias de la vida el
secreto se convierte en un hecho de dominio público se produce como una especie
de alivio familiar. Aquella circunstancia que un día se escondió como una
mancha en un traje nuevo ya se puede comentar en las reuniones de parientes,
habrá desaparecido el tabú entorno a ese suceso incluso se puede llegar a bromear
sobre aquello que una vez fue una oscura lacra.
Sin embargo, la mayoría de los secretos siguen estando
ocultos por los siglos de los siglos. No hay más que ver la historia de la
humanidad. La cantidad de secretos que imagino se guardan sobre nuestros
orígenes, sobre nuestra evolución o sobre lo que nos espera en el futuro debe
ser tan amplia que, si algún día llegan a hacerse públicos, se vendría abajo el
actual orden (o desorden) mundial.
Así que, no nos toca otra que vivir rodeados de secretos, especulando
sobre esto o sobre aquello, imaginando y sacando nuestras propias conclusiones.
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