dilluns, 4 d’abril del 2016
LA CUEVA
Hay épocas en nuestra vida en que la soledad nos abruma a pesar de estar rodeados de gente. Y, en ese punto, echamos de menos a alguien que nos abrace y nos mese el pelo, sin decir nada, sólo nos basta con sentir el calor humano cerca de nuestro corazón.
Algunas veces las personas más cercanas físicamente hablando son las que más lejos sentimos. Es como si cada uno se hubiera encerrado en su cueva. En esa cueva en la que se sienten protegidos, en la que se sienten a salvo.
Y, es entonces cuando nosotros decidimos aislarnos también en nuestra cueva. Necesitamos llorar, desahogar el dolor que causa la soledad, la indiferencia, el silencio...
Echamos de menos tener una conversación normal, agradable, divertida, que nos haga olvidar que nuestro día ha sido un desastre. Dónde están aquellas personas que se decían amigos nuestros cuando más falta nos hacen? Dónde se esconden las promesas de estar a nuestro lado? Dónde están los hombros que nos ofrecieron para nuestros llantos?
Si es que es tan sencillo como mandar un mensaje para que alguien sienta que hay algo más fuera de su cueva, que si sale de ella no se va a volver a encontrar solo.
Es tan difícil convivir con ese sentimiento... Te nubla el cerebro, porque el ser humano no está hecho para vivir en soledad. Necesita el contacto de sus congéneres, el cariño, la compañía...
Y no hay medicamentos para ese dolor. Los únicos remedios son los que nos puede proporcionar otra persona. Un beso, un abrazo, una caricia, una palabra amable... Parece fácil pero a veces es tan complicado de conseguir...
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