AMOR INCIERTO (texto seleccionado en el concurso Historias de Amor de Letras con Arte)
Ella le amaba. Estaba enamorada de ese hombre medio ángel,
medio demonio, cuya sonrisa la tenía ensimismada y su voz era capaz de
trasladarla a otros mundos. Ella soñaba con él, ese ser que la había cautivado
con una simple conversación. A ella le encantaba escucharle. Anhelaba el
momento de verle porque su presencia era mágica, transformaba todo su mundo en
algo diferente, etéreo, espiritual, casi invisible a sus ojos pero que inundaba
el resto de sus sentidos. El contacto con su piel era una experiencia inexplicable.
Una mezcla de frío y calor invadían cada milímetro de su cuerpo. Él la
embriagaba hasta el límite donde termina la cordura. Ella le amaba y él lo
sabía.
Él la amaba. Deseaba poseerla y trasladarla a su territorio
donde la locura, la pasión por la cerveza y el deseo carnal desmedido eran los
reyes. Quería estar con ella y compartir con ella toda su sabiduría, aunque en
algunos momentos todos sus conocimientos se mezclaran con las fantasías más
exuberantes y aterradoras a veces. Él mismo sentía miedo de sus pensamientos,
del poder que creía poseer en sus manos y en su mente para controlar todo lo
que le rodeaba. Él adoraba verla sonreír pero no podía permitir que nada ni
nadie interfiriera entre ellos dos, no podía dejar que ella se dejara guiar por
unos instintos que a él le parecían peligrosos. Él la amaba pero no estaba
dispuesto a renunciar a sus vicios, a sus paranoias, a su universo paralelo
donde él era capaz de todo.
Ellos se amaban pero eran amores distintos. Ella había temido
por su integridad cuando él se daba a su otro gran amor y dejaba que el alcohol
entrara a litros por sus venas convirtiéndole en un personaje vil y
desagradable que la amenazaba y la humillaba. Pero estaba tan ciega que hubiera
seguido a su lado a pesar del miedo. Él sentía que a pesar de que ella le
adoraba no iba a poder dominarla del todo. Ella era más fuerte de lo que ella
misma sabía y eso a él le daba pavor.
Un buen día él la llamó, quería verla. Debía poner fin a esa
relación sin sentido que no llevaba a ninguna parte. Ella se sintió morir. Él
marchó sin más y desapareció para siempre de su vida.
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