dijous, 14 de juliol del 2016
HOY TOCA QUE ME DUELA
Cuando una tiene dolor crónico cruza los dedos cada noche para que el día siguiente sea de los buenos, de los que no duele casi nada o nada, lo que suele suceder muy pocas veces.
Algunos días sólo me duelen los pies, o las rodillas, o las piernas, o la espalda, o la cabeza. Pero en otros me duele absolutamente todo, y todo al mismo tiempo. Entonces suspiras y piensas "hoy toca que me duela" y te resignas tomándote uno de esos potentes antiinflamatorios que te recetó el médico y que te quita sólo parte del dolor, te deja medio atontada e incluso te flaquean las piernas.
En esos días, es difícil ponerse con alguna tarea que requiera concentración. El cuerpo está tan vapuleado que la mente es incapaz de centrarse en nada y aunque no soy de las que se quedan en la cama, cada vez más me cuesta realizar actividades en esos días de dolor. Todo se me hace una montaña, hasta la actividad más insignificante como puede ser secarme después de la ducha.
Y todas las personas a quienes se lo explicas tienen remedios y soluciones para ello, curiosamente todas menos aquellas que lo sufren. Supongo que somos unas incomprendidas porque nadie sabe lo que es hasta que se pasa por ello. Nadie puede entender qué se siente hasta que notas como si te hubieran dado una paliza como las que salen en las películas, una de esas en las que te preguntas cómo el personaje se puede poner en pie de nuevo.
En fin, que nos ha tocado que nos duela y tenemos que vivir con ello, nos guste o no nos guste. Y aunque cada mañana me repita "hoy voy a tener un gran día" nadie me asegura que vaya a ser así.
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