Alejandra y el ángel caído, por Esther Arranz
Ella sufría en silencio
el desamor de un matrimonio vacío
sin pasión, sin remedio,
todos los esfuerzos baldíos.
Sentía escapar su vida
entre aquellas cuatro paredes
sin placer, sin alegría,
inmersa en aquellas redes.
Cuando terminaba la esperanza
un ángel cayó del cielo
y el corazón de Alejandra
empezó a palpitar de nuevo.
Él devolvió su bella sonrisa
sus caricias eran de puro fuego
sus ojos desprendían chispas
sus labios se llenaban de besos.
Se veían en un hotel a escondidas
de miradas curiosas, en secreto,
y allí sus pasiones perdidas
recuperaban por fin el aliento.
Y pasaron días, y también meses
y su amor parecía infinito
pero las cosas engañan a veces
y siempre se descubre el delito.
Así, un día Alejandra
descubrió a su ángel con otra
y tras esa enorme puñalada
la mujer sufrió de congoja.
Días y noches pasó llorando
añoraba de él tantas cosas
el dolor creció tanto y tanto
que doblegó su mente preciosa.
Alejandra saltó desde un puente
mientras a Dios pedía clemencia
todos lloraron su muerte
pensaban que sólo era demencia.
El marido no entendía nada
tampoco los vecinos comprendían
la familia sólo se lamentaba
sin saber la razón de su desdicha.
Nunca nadie supo de su aventura
nadie nunca sospechó nada,
Alejandra se llevó a la tumba
aquella historia inventada.
Nunca el ángel existió
a nadie real había amado
fue su mente la que creó
a ese ser tan deseado
para llenar el desamor
de un matrimonio fustrado.
Esta historia así acaba
la de Alejandra y el ángel caído
una mujer olvidada
por un incompetente marido
y un amor que llenaba
aquel enorme vacío.
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