dissabte, 21 de maig del 2016

LA MUÑECA



Ahora no soy una mujer caprichosa. No voy a la peluquería más que una o dos veces al año, no fumo, no bebo, no consumo drogas, no compro revistas, ropa la justa y zapatos pocos.

En algunos momentos, sí lo fuí. Compraba muchos videojuegos. Las aventuras gráficas eran mi debilidad. Compraba todas las que salían al mercado. En ese momento, no entendía por qué lo hacía. No tenía tiempo para jugarlas todas y, ahora después de un montón de años, aún conservo algunas que no pude terminar y otras que ni siquiera empecé.

Hace cosa de un año y por circunstancias que ahora no vienen al caso, comencé a coleccionar muñecas. Cada vez que llegaba una era una bocanada de ilusión. Abrir un paquete me devolvía a mis años de niña. Abrazar a cada una de las que han ido llegando a mi casa me distrae de todo lo malo que hay a mi alrededor.

Entonces comprendí por qué compraba los videojuegos. Eran la forma de evadirme de una realidad que me disgustaba, mi vía de escape...

Las muñecas son mi distracción ahora. Peinarlas, vestirlas, lavarlas... Son mi forma de salir corriendo por un rato de mis penas, de mis frustraciones, del dolor tan intenso que siento en este momento en que todo a mi alrededor parece desmoronarse.

Sólo mirarlas ya me proporciona parte de ese alivio que se hace tan necesario en momentos como éste. Y aunque a veces siento que las personas que me rodean no entienden por qué me gustan tanto e incluso llegan a reirse de mi afición, no conseguirán que cambie de idea.


Cap comentari:

Publica un comentari a l'entrada