diumenge, 15 de maig del 2016
EL VIAJE
Cuando pienso en la muerte, me la imagino como un viaje de aventuras, uno de esos en que vas al aeropuerto sin saber qué avión vas a coger, desconociendo el destino al que te va a llevar el vuelo.
A veces, marchas sin preparar el equipaje, de repente te embarcas en el primer barco que pasa, dejando a todos con el corazón encogido puesto que te vas sin previo aviso.
En otros casos, hay tiempo de sobras para hacer las maletas, incluso para deshacerlas y volverlas a hacer. Una y otra vez metes y sacas la ropa puesto que no sabes a dónde vas y tienes dudas acerca de qué debes empaquetar y qué debes dejar en casa.
En esos últimos, las sensaciones de los que nos rodean son contradictorias. Por una parte, la ansiedad de ver el agotamiento que produce hacer y deshacer el equipaje. Por otra, querríamos ayudar con las maletas pero no sabemos muy bien cómo, lo que produce una profunda tristeza.
Me gusta pensar que cuando morimos podemos, por fin, visitar los lugares a los que en vida no pudimos viajar. Prefiero pensar en que es una aventura a imaginarla como el fin de cualquier película.
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